martes, 26 de febrero de 2013

Crónica I Carrera de Montaña Cerro de la Degollá, por Dani A.


24 de Febrero de 2013, Priego (Cuenca)

Hasta esta localidad conquense nos desplazamos Ro, César (gran acompañamiento), y yo, que participaba en esta nueva carrera de puro Trail running. Priego, es un pequeño y pintoresco pueblo de Cuenca, famoso por el mimbre, la alfarería y por ser el lugar de nacimiento del mítico ciclista Luis Ocaña. Está rodeado de pequeñas hoces... que a mí al final me parecieron gigantes. 

Nada más salir del coche, en Priego, 6ºC, nublado
Después de la demora que hubo debido a las largas colas por el tema de la recogida de dorsales, nos dieron la charla técnica. Nos contaron que la carrera tenía bajadas muy técnicas y discurría a veces por riscos, por lo que nos avisaron para que extremáramos las precauciones. Luego, tuve que reconocer que efectivamente era así... 

Salimos los corredores de la plaza del ayuntamiento y, recorriendo las estrechas calles de Priego, tomamos un camino que cruzaba el río Escabas por un puente romano y enfilábamos por un sendero que ya picaba hacia arriba la primera de las subidas, nos dirijíamos hacia el cerro de la Degollá (donde las antenas) Esta primera parte no es empinada y se puede correr, al tran tran, ritmo crucero, reservón... (es mejor no mirar mucho hacia la cima) En este primer tramo se encontraban mi prima y mi hermano preparados cámaras en mano para inmortalizar en instantáneas cada zancada. También en esta parte tuve la sensación de no ir fino, como que no iba suelto, me faltaba ese puntito que yo llamo "piernas alegres". 
Primeras rampas, alegre

Primeras rampas, parte "llevadera"
Pronto se encargó la montaña de recordarme que la dureza de sus riscos pondría a prueba la resistencia y agilidad de mi mismo. Aquí, ya empezamos a subir andando, con buen ritmo pero andando, y con la patata ya bailando claqué. Comentarios de ánimo, risas, experiencias que sueltas, así de repente, es como si buscaras aliento y desviar la atención de lo que en ese momento estabas haciendo. Empezaba a disfrutar de la carrera. 

Tras esta primera fuerte subida, más pendiente y montañosa en su parte final coroné el famoso cerro de la Degollá (por qué tendrá ese nombre tan curioso? me preguntaba) miré hacia abajo, las vistas espectaculares, más de 1200 m. sobre el nivel del mar, y un avituallamiento líquido! Tomé un poco de agua y repuse sales. Había que continuar y venía mi punto fuerte: el descenso.

Aquí disfrute como un niño con zapatos nuevos, la bajada del cerro es muy técnica, tienes que ir muy pendiente del terreno y elegir muy bien por dónde pisas y que roca vas a saltar o que ramas esquivar, cada vez era más difícil mantenerse en pie con buena velocidad, el terreno se hizo más resbaladizo (el barro era como pisar piel de plátano) y durante gran parte del recorrido me encargué más de mantenerme en pie que de correr, tuve suerte de no tropezar (solo resbalé 3 veces) ni trastabillar en este vertiginoso descenso. 

Al final de este trayecto técnico nos encontramos con la carretera y el segundo avituallamiento, este también con manjares sólidos (barritas, orejones de albaricoque, plátano, naranja...) Tengo que reconocer que descansé y zampé con gran tranquilidad, no quise mirar el otro cerro... pregunté si habían diseñado el sendero para cabras... me confirmaron que sí. Y tras unos tragos más de agua y bebida isotónica, continué con la carrera.

Ahora venía la subida al segundo cerro, a la segunda hoz, el mirador del Rodenal en lo alto, escarpadas rocas que vi me dieron miedo. Cruzamos el río Escabas otra vez, en esta ocasión directamente por encima de su cauce. Suerte que la organización se había encargado de poner unos palets a modo de puente. Después  zona típica de bosque galería, con muchas ramas y enseguida rocas y el tramo de cuerda que sirvió para facilitar el ascenso de unas rocas. 

Aquí ya vuelta a subir, andando, con buen ritmo al principio, más lento en los tramos más duros, incluso parecía a veces que me iba arrastrando. Iba atento porque el terreno pisado estaba en el filo del abismo... Ya las piernas iban muy desgastadas, así que decidí tomármelo con más tranquilidad y llevar un buen ritmo... respiratorio. Me paraba a veces a deleitarme con la panorámica y vi corredores haciendo fotos, que pasada. Iba literalmente por los riscos, subiendo en diagonal roca a roca por la Hoz que nos llevaba directamente al mirador. Aunque el terreno iba señalizado, fueron varias veces las que decidí continuar por alternativas más "suaves" pero siempre sin arriesgarme mucho. Este tramo se me hizo eterno, pero la verdad es que fue muy emocionante.

Por fin, arriba, en el mirador del Rodenal, ánimos del público y un nuevo avituallamiento me dieron energía y fuerzas para afrontar la última parte de esta dura carrera. Tras llanear por un camino ancho (oh, un camino, llaneando!) se inició la última bajada. Esta, menos técnica, por un sendero sinuoso que terminaba prácticamente en el pueblo. Aquí cogí velocidad, me lancé fuerte hacia abajo. Aunque ya no tenía apenas "piernas" me dejé llevar por la pendiente. En un giro brusco golpeé el pie derecho con una roca, suerte que no caí y mantuve el equilibrio, pero el incidente hizo que bajara el ritmo un poco. Después se ensanchaba el camino y fue ahí donde volví a ver a Ro y César, que colocados tras unas rocas en un repecho, seguían con sus fotos y gritos de ánimo. 

Bajando a Priego, última parte de la carrera
Incrementé el ritmo, no sé de dónde saqué esos destellos de fuerza, terminaba el sendero y entraba directamente en Priego, un par de giros (ya no sé si fueron dos, tres o cuatro...) recta de meta, público animando a tope y fin de la aventura. Allí, felicitaciones a los corredores que acabábamos de llegar, este gran ambiente que siempre encuentras en estas carreras... es una alegría tremenda terminar así, y más si además puedes reponer fuerzas con bocatas, bebida isotónica, barritas, fruta, agua... más ánimos.

Tras finalizar, con my family (enormes)
zampando un bocata, reponiendo sales

Carrera 100% recomendable. Dura, muy técnica y de una belleza impresionante. 

Y tengo que contarlo: tras la carrera fuimos a comer al restaurante del Hotel Rural El Rosal. Aquí el trato fue exquisito, al igual que la comida. Tuvimos la suerte de coincidir con unas animadas sesenteras-valencianas que animaron de lo lindo y convirtieron en todo un acontecimiento el banquete.

Nos pusimos finos
La copiosa comida hizo que después tuviéramos que dar una vuelta para ir más livianos en el camino de vuelta a casa.