martes, 27 de noviembre de 2012

¿ FRÍO O CALOR?, POR CENTRO DAVÓ




¿Frío o calor?

El uso de tratamientos de frío o de calor está muy generalizado. Las lesiones musculares suelen tratarse aplican uno de estos extremos de temperatura. En la mayoría de los casos puede suponer un alivio temporal del dolor al paciente.
Cuando aplicaremos calor:
Los tratamientos de calor se utilizan a partir de la teoría de que el calor permite dilatar los vasos sanguíneos y facilitar la circulación de la sangre. De esta manera, se facilitaría el paso de sangre a través del músculo y mejoraría su recuperación.

La contractura muscular consiste en la contracción persistente e involuntaria de un músculo. Puede ser causa o consecuencia del dolor, por ejemplo, de espalda.
En estos casos, la contractura aparece esencialmente cuando se exige al músculo un trabajo superior al que puede realizar, ya sea intenso y puntual, como un esfuerzo excesivo o mantenido y menos intenso como por ejemplo, mantener unas horas una postura inadecuada. Por otra parte, algunas anomalías de la columna vertebral o desequilibrios de la musculatura favorecen que unos grupos musculares estén trabajando constantemente más de lo necesario, lo que les predispone a contracturarse.

Por tanto, se asume que la contractura muscular afecta negativamente al riego sanguíneo del músculo, contribuyendo así a aumentar el dolor. En los casos en los que ese factor es importante, como en los casos crónicos, el calor es beneficioso, pues tiende a dilatar los vasos y mejorar el riego sanguíneo. En esos casos, también el masaje tiene un efecto beneficioso sobre la  musculatura contracturada.

Cuando aplicaremos frío:
Los tratamientos de frío se asientan en la teoría de que el frío contrae los vasos sanguíneos, de modo que reducen la inflamación que padece el músculo.
La inflamación, consiste esencialmente en una gran dilatación de los vasos sanguíneos junto con una apertura de sus poros, permitiendo el paso de líquido, sustancias y células desde la sangre a los tejidos, por lo que éstos aumentan de volumen (el cual también aumenta la compresión y por lo tanto el dolor) y la temperatura. Si decimos que el frío contrae los vasos sanguíneos minimizando la hemorragia y tumefacción y esto “frena” parte del proceso de inflamación,  estamos diciendo que gracias al frío aceleramos el proceso de cicatrización y recuperación de una lesión.

El frío es el principal agente físico para lesiones de sobrecarga con importante dolor. Su efecto analgésico procede el “adormecimiento” de los receptores del dolor, especialmente excitados cuando la lesión es aguda.
La mejoría del espasmo muscular por aplicación de hielo se debe a la reducción del flujo sanguíneo capilar (el de los vasos menores) con la consiguiente disminución de la inflamación. También es observable una gran reducción de oxígeno en la zona donde se aplica el frío, lo que supone disminuir la propagación del proceso.

Todo ello se debe a la “vasoconstricción” o “cierre de los vasos” que corta de raíz la difusión y síntomas.