jueves, 21 de julio de 2011

100 km / 24 horas. Tramo I: Colmenar Viejo – Colmenar Viejo por vías pecuarias. Emilio & Dani . 11/06/2011 por D. Arias


He aquí el resumen de la primera parte de esta espectacular prueba de Ultrafondo:

Emilio (equipo azul) y yo, “er Dani”, (equipo rojo) afrontábamos la parte más exigente del itinerario, íbamos a enfrentarnos a las kilométricas vías pecuarias de Colmenar Viejo y Manzanares el Real, al abrasador sol y a nuestras propias fuerzas. Jamás había preparado una prueba como esta, pero tenía buenas sensaciones y el recuerdo de recorridos largos, rutas estratosféricas subiendo riscos y saltos por encima de rocas y espinos. Sí, tengo genes caprunos, de tempraneros caminantes que tiraban “pal monte” dejando atrás 15 leguas de campo, para encontrarse, para el pillar el pan, para la vida misma...

Y Emilio. Que decir de un ultrafondista que ha completado ya varios triatlones, un maratón, varias medias y mogollón de carreras populares, de un deportista, aficionado al Commerzbank Triathlon Team, cuyo espíritu de superación no encuentra límites.

Pues ambos teníamos la misión de acabar los 35,7 km del primer tramo. Salimos del Polideportivo Juan Antonio Samaranch (estos colmenareños sí que saben vivir el deporte) con más ganas que piernas, pero sobre todo con una buena dosis de confianza. Tras embadurnarnos con crema solar y vaselina para evitar las indeseables rozaduras emprendimos la ruta, iniciamos el reto. Lo cierto es que dormí escasamente 4 horas, los nervios a flor de piel y las piernas con una extraña sensación de pereza física; era como si supieran de antemano lo que les esperaba.

Y empezamos a andar!! El ambiente era extraordinario, cuántos y cuántas valientes! La verdad es que sentí que la magnitud del reto se minimizaría por el aliento de miles de ultrafondistas animando el recorrido de los 100 km. Caminábamos charlando de mil historias, callejeando por Colmenar Viejo, sorteando coches y cruzando pasos de cebra. Íbamos en grupo, muchos, cada uno de nosotros seguro que tenía la cabeza llena de ilusiones, de retos, de metas. Tras varias calles salimos por fin al campo, el terreno ya no volvería a ser asfáltico hasta casi la llegada, hasta nuestra vuelta a Colmenar.

El sol abrasador de mediodía comenzaba a ajusticiar duramente la prueba. Emlio lo tenía claro, “vamos tranquilos ahora, andamos. Y luego a la vuelta si nos encontramos bien probamos con la carrera a trote”, decía. Realmente estaba en lo cierto. Yo conocía bien el terreno, el año anterior estuve realizando la labor de porteador-ciclista de apoyo con crack Manu, asistiendo a mi hermano y al gran Ismael. Esta ruta inicial era durísima, con rampas empinadas, rocosas, casi siempre picando hacia arriba, muy poco terreno llano y bajo la máxima incidencia solar.

No era un día especialmente caluroso (24 ºC a las 12ºC) pero el cielo prácticamente despejado vaticinaba una jornada intensa de calor. La vía pecuaria era cada vez más exigente, pero a la vez, más bonita, con unos paisajes espectaculares en la Cuenca Alta del Manzanares. Y es que este irregular tramo es el que se adentra más en la Naturaleza, con arroyos cruzando en varias ocasiones las vías, y una flora exuberante por dondequiera que caminábamos.

Primer avituallamiento, unos 8 km recorridos, bien! Pero vaya, ya no quedan plátanos. Pillamos agua y a seguir. Recordé que el año anterior nos hicimos bajo el puente unas fotillos con el gran Fabián Roncero. Pero en fin, la ruta proseguía, nuestro organismo empezaba a pedirnos agua y alimento. Las mochilas, cargadas con la bolsa del corredor que nos dieron en la salida pesaban ahora y decidimos ir comiendo algo. Más tarde, varios kilómetros después, segundo avituallamiento. Aquí tampoco quedaban plátanos, aunque iban sobrados de agua. Pronto empezamos a cruzarnos con los atletas-de-otra-pasta que ya regresaban, iban como auténticas balas, por patatales y pedregales como si fueran gacelas, nos sacaban ya unas cuantas millas de ventaja. Pero no era nuestra guerra. Nosotros continuábamos con esta hazaña, y nos crecimos. Empezamos a incrementar el ritmo, adelantábamos a gente que quedaba atrás e incluso nos esforzábamos subiendo. Sin aflojar un ápice. Y así, entre tanto, mientras seguíamos hablando y trazando la ruta llegamos a la parte más empinada del recorrido, subimos hasta una colina para después prácticamente despeñarnos por una brutal bajada hasta el río, donde nos esperaba un ansiado descanso. Nuestros pies necesitaban un pequeño respiro. Emilio, ni corto ni perezoso, se descalzó y sumergió los pies en el Manzanares (zona fluvial de baños), “ah! agua helada” dijo. 5 minutos después, una vez repuestas las fuerzas, estábamos de nuevo en el asunto. Las piernas ya se iban notando pesadas. Llevábamos la friolera de 17 km y las notábamos cargadas. Emilio sugirió empezar a trotar un poco, ir avanzando y así “descansar un poco” los músculos responsables de la zancada en la técnica de andar. Y entonces sucedió, teníamos unas piernas de repuesto, sí. Que increíble sensación noté de inmediato. Era como si, de repente, apareciera más gasolina de la nada. Quizás también ayudó el hecho de reponer fuerzas en el merendero, donde por cierto, había un avituallamiento (sin plátanos claro) Por tanto: gel de frutas, barrita energética, agua, sales minerales y piernas nuevas trotando, que magnífica combinación para afrontar... la mitad que nos quedaba todavía para llegar a Colmenar. La verdad es que se avanzaba bastante con este nuevo ritmo que imponía Emilio, “que tal vas Dani?”, me preguntaba frecuentemente. Pues con la mochila a cuestas y el corazón a cien difícilmente conseguía mantenerme en pie en condiciones, me dolía la cabeza, iba a trancas pero psicológicamente fue muy importante sentir como se “relajaban” las piernas de andar y de qué manera íbamos adelantando gente, fue sencillamente espectacular. Y entre trotes y de nuevo caminatas (andando me encontraba fino) llegamos finalmente al asfalto de la ciudad, dejando atrás el campo y sintiendo cerca la meta y los ansiados relevos. Fue al alcanzar este terreno cuando las piernas finalmente dijeron basta, teníamos reventadas las de andar y las de correr. Antes conseguimos por fin unas barritas energéticas (primera vez en la prueba que catamos algo) en el último avituallamiento antes de Colmenar. Aunque ya no nos daba energía nada, y suerte que mentalmente seguíamos intactos con la adrenalina por las nubes, una confianza infinita y sabiendo que, siendo noveles en esto del ultrafondo, nos habíamos ganado un trocito de gloria. Allí estaban Isma (equipo rojo) y mi hermano (equipo azul) esperándonos para sellar y proseguir con este reto. Ellos continuaron lo que comenzamos nosotros 6 horas y media antes, más de 2000 calorías consumidas por barba y momentos de gran intensidad. Porque somos Ultrafondistas A-Bloke!!!

Nota: Gracias a todos los que nos han apoyado desde el principio y confiaron en nosotros, especialmente Manu, que nos animó desde el kilómetro 1 hasta el último y cuyos sabios consejos aplicamos sin dudarlo para alcanzar con fuerzas la meta. Doy también las gracias al misterioso poder curativo del gel de árnica, maravillosa planta de eliminó completamente mis dolores de espalda.
Altius, citius, fortius!. Y es que como dijo Carl Lewis: “Evitar los riesgos equivale a renunciar al derecho de experimentar la mitad de las emociones que somos capaces de sentir”, y el Sábado 11 de Junio, nosotros arriesgamos! ¿Siguiente reto?